Los sonidos de la psicodelia, el blues y el rock de los ’70 se tomaron por asalto Epicentro la noche del domingo 3 de mayo: los suecos Graveyard regresaban por tercera vez a nuestro país, ofreciendo un show lleno de sentimiento y de avasalladora potencia por partes iguales, con un público amante de los sonidos del rock vintage que vibró de principio a fin, en un recinto de carácter mucho más íntimo, posibilitando una mayor cercanía con sus fanáticos.

 

 

Los brasileños Bike fueron los encargados de abrir la jornada, mientras el público comenzaba a llegar, show que sufrió un retraso de más menos 15 minutos. Los oriundos de Sao Paulo, formados en 2015, y que cuentan con seis discos de estudio hasta la fecha, interpretaron temas prácticamente sin pausas, en el cual los sonidos psicodélicos, combinados con stoner rock, vanguardia y percusiones indígenas, fueron la tónica, en media hora de presentación.

 

 

 

 

Ya con una sala expectante, y un mayor número de público, Graveyard hace su ingreso entre aplausos. Joakim Nilsson (voz, guitarra) saluda con un “Hola”, para arrancar con “Please Don’t” y “Walk”, ambos cortes de su álbum Peace (2018), los que bastaron para de inmediato generar una conexión inmediata con la audiencia, conectando esta última con “Ain’t Fit to Live Here”, con una desgarradora vocalización de parte de Nilsson.

 

 

 

 

“Breathe In Breathe Out” lleva un poco de calma tras el inicio arrollador, tema que va ascendiendo hasta llegar un solo memorable en la sesión final, a cargo de Jonatan Larocca-Ramm. En tanto, el bajista Truls Mörck tuvo sus momentos para brillar en la voz, con la interpretación de la acelerada y caótica “From a Hole in the Wall” y “Bird of Paradise”.

 

 

 

 

La montaña rusa de emociones que Graveyard logra construir con su música, con canciones que rozan los tonos sabáticos como en “No Good, Mr. Holden”, el groove de “Cold Love” y el feeling de “Rampant Fields”, logran conectar sonidos que van desde el hard rock con la vibra de los setenta, el blues y la psicodelia, todo aderezado con toques de originalidad que el conjunto liderado por Nilsson sabe manejar con maestría, logrando conectar con ese público ávido de sonidos de épocas pasadas en el rock actual.

 

 

 

 

“Hisingen Blues”, corte del disco del mismo nombre de 2011, una de sus placas más alabadas, encendió los ánimos a tope, tema emblema de los suecos, a la cual le sigue una potente descarga de adrenalina con “Goliath” y llegar a uno de los momentos más emotivos de la velada con “Uncomfortably Numb”, un blues que cala y llega hasta el alma. El tema es un viaje de emociones, con guitarras que emanan desgarro y dolor, junto a un bajo profundo, un final demoledor en la batería de Oskar Bergenheim y una performance vocal a cargo de Nilsson que llega hasta el corazón.

 

 

La banda se despide, para regresar en la sección final con “Twice”, la ondera “Evil Ways”, el rock cargado al blues de “Hard Times Lovin’”, la coreada “Satan’s Finest” y el gran cierre, con la monumental “The Siren”, una obra eximia: de las grandes joyas que Graveyard ha entregado en su carrera.

 

 

 

 

La tercera visita de Graveyard en Chile no fue solo un concierto más, sino una verdadera celebración del rock en su estado más puro, donde la honestidad sonora, la ejecución impecable y la conexión genuina con el público se transformaron en los pilares de una noche inolvidable. En tiempos donde lo moderno suele dominar la escena, la banda sueca demuestra que el espíritu del rock setentero sigue más vivo y vigente que nunca.

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