Una verdadera fiesta de rock se vivió la noche del domingo 19 de abril con el debut en tierras chilenas de la dupla conformada por Adrian Smith y Richie Kotzen, en el Teatro Coliseo. Ambos guitarristas, de larga trayectoria en destacadas bandas e influencias de varias generaciones, ofrecieron un show cargado de groove, sentimiento y virtuosismo, mostrando una gran complicidad sobre el escenario.

 

 

Los reformados Fahrenheit, grupo que combina influencias del rock de los 70’s y 80’s, con sonidos de bandas como Aerosmith, Mötley Crüe y Skid Row, dieron el vamos a la 19:30 horas. Los nacionales regresaron el 2025 a la vida musical junto con su vocalista original, Christopher “Chaz” Thomson, tras casi dos décadas alejado del grupo.

 

 

 

 

En media hora, y mientas el público comenzaba a llegar al recinto, el sexteto destacó por una puesta en escena potente, con su frontman alentando a cada instante a los presentes, mientras interpretaban sencillos como “King of the Night”, “Nuevos Tiempos” y “Vodoo Negra”, así como sus dos nuevas composiciones del reciente The Love EP (2025), primer material original en 16 años, sonando de esta forma “Toxic Love” y “Love Lovin’ You”.  Muy agradecidos por la recepción, se retiran entre aplausos: una perfecta antesala al plato principal.

 

 

 

 

Tras una breve espera, aparecen Adrian Smith y Richie Koten, a quienes los presentes les dan la bienvenida con una ovación. Sin mayores preámbulos, la dupla de eximios guitarristas (y vocalistas) arrancan con “Life Unchained”, directa y enérgica, para que luego la batería de Bruno Valverde (actual Angra) dé el vamos a “Black Light”, en la cual Smith suena en la voz muy a lo Phil Lynott de Thin Lizzy, mientras que en “Wraith”, el público se hace parte del show por primera vez, alentando con las palmas: tripleta de su segundo LP  Black Light/White Noise (2025), que en su gira de promoción justamente los trae por primera vez en nuestro país.

 

 

 

 

Ya desde el inicio, y con los primeros acordes, era posible palpar en el ambiente que ambos músicos no necesitaban mayores palabras para comunicarse con la audiencia, pues solo con las melodías que fluían de sus guitarras era más que suficiente para logran una total comunión. Además, la química que fluía entre Smith y Kotzen era envidiable, pues se complementaban perfectamente tanto en las seis cuerdas como en las líneas vocales, dando cuenta de una complicidad musical absoluta. Para muchos, una unión impensada, que sorprendió en su momento.

 

Esta verdadera cátedra de rock moderno, en la cual la dupla fusiona blues, hard rock, R&B y toda esa vibra setentera, continuó con “Glory Road”. Pequeña pausa para un cambio de guitarras, para arremeter con “Blindsided”, más oscura y de mayor peso en batería, y sin pausas, seguir con “Taking my Chances”, uno de sus primeros sencillos de su disco debut homónimo, tema lleno de groove y feeling.

 

 

 

 

Por otra parte, temas como “Outlaw” y “Darkside” llevaron una vibra western, que parecían encajar perfecto con la vestimenta de Smith, ataviado con un sombrero vaquero y una especia de bufanda que colgaba de sus hombros: una imagen distante a la proyectada en Iron Maiden.

 

 

 

 

La noche continuó con la “acelerada” “Got a Hold on me”, seguida de la ondera “White Noise”, para que “Scars” bajara un poco las revoluciones, con un Kotzen inspiradísimo en las la líneas vocales, con todo ese feeling hard rock de los ‘70s. El ex Mr. Big se emociona y mira a su compañero, pues le cuenta al público “esta es la primera canción que escribimos juntos”: así comienza “Running”, con una gran performance de Julia Lage en el bajo, quien se mostró muy precisa y a la vez, enérgica durante todo el show, apoyando en los coros a ambos guitarristas. “Solar Fire” en tanto, hizo vibrar a todo el Coliseo, tras la cual, la banda se despide entre aplausos.

 

 

 

 

La vuelta al escenario traería a un Kotzen inspiradísimo, interpretando uno de sus temas solistas más laureados, “You Can’t Save Me”, tema de gran peso, tanto musical como emocional, para finalmente convertir al Coliseo en un verdadero karaoke con “Wasted Years”, clásico de Iron Maiden, entregando el broche de oro a una jornada en la que el público vibró con el talento, entrega y virtuosismo de Smith y Kotzen, que impregnaron de ese feeling rockero a cada rincón del recinto. “¡Espero lo hayan pasado ben! Nos vemos la próxima vez”, se despide Smith. ¡A esperar nuevamente su visita!

 

 

 

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