La deuda se saldó con creces: tras posponer su paso por Latinoamérica en septiembre pasado, por salir de gira junto a Judas Priest y Alice Cooper en su periplo por los EE.UU., Corrosion of Conformity se presentó finalmente la noche del lunes 12 de enero en una colmada Sala Metrónomo, ofreciendo un concierto que derrochó potencia y una entrega total, con una banda sonando más afiatada y compacta que nunca, todo bajo la batuta de los incombustibles Pepper Keenan (voz/guitarra) y Woody Weatherman (guitarra).
Ya pasadas las 21 horas, el público comienza a impacientarse, para que 15 minutos después, aparezca sobre el escenario Bobby Landgraf -quien se unió a COC en 2024- para que con su bajo diera el pie, punzante y arrastrado, a “Bottom Feeder (El que come abajo)”, mientras la banda toma posiciones entre aplausos, sonando como una aplanadora, para seguir sin pausas con toda la potencia de “Paranoid Opioid”, y ya ver los primeros mosh pits cerca del escenario.

Toda la influencia sabática se hace sentir con la dupla “Seven Days” y “Broken Man”, cortes de uno de sus discos más importantes, Deliverance (1994), en el cual Keenan tomó las riendas vocales del conjunto, iniciando una nueva etapa para Corrosion of Conformity, que marcaría profundamente su sonido a futuro. ¡Gracias amigos!”, exclama Keenan en español, para el regocijo de los fanáticos.

El groove llega eso sí con “Wiseblood”, con un gran trabajo en batería de Stanton Moore, para retomar ese sonido arrastrado y cadencioso con “Born Again for the Last Time”. “¿Quién tiene fuego?”, pregunta Woody a la audiencia, en un complicado español, siendo corregido por la “mejor” pronunciación de Keenan, para arrancar con “Who’s Got the Fire”, con todos entonando el coro.

“Esta canción no la tocamos muy seguido”, comenta Keenan, para presentar “My Grain”, donde el bajo de Bobby Landgraf toma mayor protagonismo, y en la cual la banda se atreve a improvisar, dando cuenta de lo bien que lo estaban pasando sobre el escenario. Eso sí, los riffs pantanosos regresan una vez más, con “It Is That Way”, para llegar a una de las sorpresas de la jornada: el estreno de un nuevo sencillo, “Gimme some moore”, que será parte de su nuevo disco doble de estudio, a publicarse en abril próximo. Pepper Keenan muestra una copia 7” del single, el que lanza al público de las primeras filas. Sin duda, un objeto de colección, del cual dijo se editaron pocas copias. El tema en sí, pone el pie en el acelerador, con unos compases bastante caóticos en la batería. Una canción rápida, que desbordó adrenalina.

Y así llega “Vote with a Bullet”, uno de los himnos de COC, sencillo del álbum Blind (1991), disco bisagra en la carrera de los norteamericanos, que marcaría la transición necesaria y el cambio sonoro que la banda adoptaría con los años, siendo el puente entre su época más punk y stoner/doom.
El conjunto se retira, una pausa mas que necesaria para retomar energías, en un recinto que hervía por el calor imperante, para que el cuarteto regrese con todo el desenfreno de “Mad World”, rememorando sus primeros años hardcore punk de Animosity (1985), y dar el salto en el tiempo con dos canciones de Deliverance que son unos verdaderos clásicos: la stoner “Albatross” y el cierre definitivo con “Clean my Wounds”, con una larga improvisación, y con todos coreando “knock it down”, desatando una verdadera fiesta en la Sala Metrónomo.

Un show redondo que dejó a todos en llamas, un regreso más que esperado y que cumplió a cabalidad, demostrando la vigencia y potencia de Corrosion of Conformity tras más de cuatro décadas de carrera musical: historia que aun se sigue escribiendo.






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