Fotografías: Lukas Cruzat

 

 

Uno de los máximos exponentes del metal sinfónico, Epica, liderado por Simone Simons y Mark Jansen, regresaba finalmente a nuestro país, en esta oportunidad, con la gira de promoción de su más reciente álbum, Aspiral lanzado en abril de 2025, su noveno disco de estudio, que cuenta con sonido más moderno, sin perder eso sí, ni un ápice de intensidad.

 

 

Pero esta vez, el sexteto neerlandés no venía solo: los italianos deathmetaleros sinfónicos Fleshgod Apocalypse los acompañan en su periplo por Latinoamérica, siendo un complemento perfecto para caldear los ánimos y dejar a los fanáticos “en llamas”, antes del número principal.

 

 

 

 

La velada comenzó temprano, a las 19 horas, con los nacionales Decessus. La banda de death metal con tintes progresivos, liderada por Ignacia Fernández (voz) supo ganarse al público rápidamente, el que comenzaba a llegar al Teatro Caupolicán, llenando el sector cancha paulatinamente.

 

El conjunto sonó compacto y brutal, mientras que Ignacia hacía gala de su potencia vocal en temas como “Traitor”, “The Hollow Descent” y “Dark Flames”, todos singles lanzados hasta la fecha, los que piensan incluir en su disco debut, el cual anuncia su vocalista, tendrá un lanzamiento oficial el 10 de octubre en Sala Metrónomo, aprovechando de invitar a todos a asistir. Tras medía hora, y cerrando con su sencillo más conocido, “Deliverance”, Decessus se retira entre aplausos.

 

 

 

 

Media hora de espera, y el sexteto de death metal técnico sinfónico Fleshgod Apocalypse hace acto de presencia en el recinto de San Diego. Una intro en piano, acompañada con la melódica voz soprano de Verónica Bordacchini (quien brilló en todo el show), es la calma antes de la tormenta: el grupo arremete acto seguido sin piedad con todo el peso y la rapidez de “I Can Never Die”, desatando el descontrol.

 

El show de los italianos destacó por su teatralidad, con una prolija en puesta en escena, evocando tiempos victorianos. Su repertorio estuvo nutrido principalmente por composiciones de su última placa Opera (2024), sonando entre éstas, “Bloodclock” (con una dedicatoria previa a de Tomas Lindberg de At the Gates, quien falleció ese día), y la asesina “Pendulum”, con un Eugene Ryabchenko inspiradísimo en al batería: la verdad fue notable su desempeño durante todo el show, no quitando nunca el pie del acelerador.

 

 

 

 

Asimismo, hubo momentos en que repasaron canciones de sus primeros álbumes, Agony (2011) y Labyrinth (2013), con “The Violation” y “Epilogue”, respectivamente. “¡Esto es una locura!”, repetía constante su vocalista y guitarrista Francesco Paoli, impresionado por el recibimiento y la euforia del púbico local, a quienes invitó también “a bailar”, al ritmo de “Morphine Walz”.

 

Otro componente clave de Fleshgod Apoclypse es su pianista, Francesco Ferrini, quien entrega las dosis perfectas de elegancia y sobriedad al sonido de la banda, quien, ya finalizando, junto al baterista, conminan a la banda a tocar “Blue (Da Ba Dee)”, cover de sus compatriotas de Eiffel 65, conjunto de Eurodance de fines de los 90, trayendo así un ambiente mucho más festivo, pero igualmente con cuotas de brutalidad. Una hora de show exacto, y demoledor:  el sexteto agradece al público por el cariño y el gran recibimiento.

 

 

 

 

Finalmente, a las 21 horas, el recinto queda a oscuras, apareciendo finalmente el “plato principal” de la jornada: Epica comienza con la intensa y melódica “Cross the Divide”, sencillo de Aspiral, provocando de entrada una inmediata simbiosis con los fanáticos. “Santiago, are you ready to be Unleashed?, pregunta Simone Simons (voz), para “desatar” dicha composición del Design Your Universe (2009).

 

 

 

 

El show de Epica se apoyó mucho en el componente visual, con una gran pantalla central y dos laterales -éstas, ubicadas en la tarima de la batería y el teclado- las que proyectaban imágenes acordes a los temas interpretados, entregando de esta forma mayor espectacularidad a su performance, destacando la luna roja en el horizonte -que tiñó de un tono carmesí al Caupolicán- con la interpretación de “Unchain Utopia”.

 

 

 

 

“Sensorium” de su debut The Phantom Agony (2003), nos entregaría los primeros “growls” de Mark Jansen. “Es genial volver. ¡Son el mejor público del mundo!” dijo emocionado el también guitarrista, lo que fue respondido con grandes aplausos.

 

 

 

 

“The Last Crusade” fue recibida como un himno, para pasar sin pausas a la agresividad de “The Obsessive Devotion”, pudiéndose apreciar los primeros circle pits en el sector cancha -a su total capacidad- en donde fluía la adrenalina.

 

 

 

 

“Es por ustedes que seguimos haciendo música”, señala Simone, antes de presentar “Arcana”, que brilla por su pomposidad, para luego en cierta medida calmar el ambiente y los ánimos con el tema que da el título a su nuevo LP, Aspiral, posándose una luz sobre la vocalista, acompañada solo por el tecladista Coen Janssen: un corte introspectivo y más íntimo, al cual se suma la banda en su totalidad en la sección final, manteniendo la melancolía, pero con un mayor peso rítmico.

 

 

 

 

Después de la majestuosa “Design your Universe”, la banda se retira brevemente, para volver con la épica “Cry for the Moon”: en ese momento, todas las gargantas del Caupolicán se volvieron una sola para corear con fuerza las líneas de “Forever, and ever”, a todo pulmón, una de las canciones más insignes del metal sinfónico, siendo uno de los puntos altos del concierto.

 

 

 

 

Tras “Beyond the Matrix”, llega el gran cierre con la también grandilocuente “Consign to Oblivion”, la que alcanzó casi 10 minutos de duración -incluyendo un wall of death en su inicio- para despedirse del público chileno, que no escatimó en brindarles su cariño y agradecerles por su total entrega, con aplausos cerrados.

 

 

 

 

Sin duda, una jornada memorable e inolvidable para los fanáticos del metal sinfónico -de casi 4 horas de duración- con agrupaciones que hoy son un referente del género, presentaciones que quedarán grabadas en sus retinas por mucho tiempo.

Una respuesta a “Epica en Chile: poderío y elegancia sinfónica”

  1. Excelente reseña, Sr Valderrama.

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