Desde Ohio al corazón de Santiago, The Devil Wears Prada volvió a dejar claro por qué son un nombre imprescindible en la escena del metalcore. Con más de dos décadas de historia, la banda aterrizó en Chile con un arsenal de himnos y una energía que no entiende de frenos. Lo que vivimos este martes en Sala Metrónomo no fue simplemente un concierto, ya que se convirtió en una experiencia sensorial, y un ritual de catarsis colectiva, liderado por una banda que no tiene nada que demostrar, pero lo da todo igual. The Devil Wears Prada hizo temblar Santiago literalmente, con un set que fue tan brutal como emotivo, tan preciso como visceral.

Desde que se apagaron las luces y sonó el primer acorde, no hubo tregua. Mike Hranica apareció como un huracán de carne y hueso, y con un solo grito encendió una mecha que ya venía cargada de anticipación. No hubo banda de apertura ni pausas innecesarias. Solo ellos, el público, y un torbellino de riffs afilados de Jeremy DePoyster, breakdowns quirúrgicos y, esa energía tan única que TDWP sabe canalizar mejor que nadie.

El concierto arrancó con fuerza a las 21:00 hrs, gracias a “Watchtower”, un tema potente que encendió de inmediato a los más fanáticos en el recinto. Le siguió el caos controlado de “Danger: Wildman”, confirmando que los años no han hecho merma en la brutalidad de su sonido. Pero fue tras la tercera canción, “Born to Lose”, cuando ocurrió un momento mágico, porque el público chileno comenzó a corear con fervor “Olé olé olé, Prada, Prada”, creando una atmósfera de euforia que duró varios minutos. La banda, visiblemente emocionada, respondió con sonrisas y gestos de gratitud, reconociendo el fervor de sus fieles.

El show continuó con temas como “Salt” y “Broken”, que mostraron el lado más atmosférico y emocional del grupo, mientras que “Ritual” y la sorprendente versión de “Reasons” (original de Excision) trajeron de vuelta la intensidad y el peso de su sonido moderno. Uno de los momentos más celebrados fue sin duda “Reptar, King of the Ozone”, un himno de su etapa temprana que provocó pogos y gritos desenfrenados incesantes. La intensidad no bajó con “Escape” y “For You”, para luego alcanzar otro punto alto con el infaltable “Dez Moines”, coreado a todo pulmón por los presentes en el pit.

La recta final del show incluyó los esperados “Chemical” y “Sacrifice”, antes de que la banda se retirara brevemente del escenario. El encore fue el broche de oro con “Dogs Can Grow Beards All Over” trajo de vuelta el caos de sus inicios, y el cierre con “Hey John, What’s Your Name Again?” desatando la última catarsis colectiva, con todos los asistentes dejando su voz en la sala Metrónomo.
Más de 15 años de historia se sintieron condensados en una más de una hora de intensidad pura. TDWP no vino a cumplir, vino a incendiar la sala Metrónomo. Y lo logró. Fue una noche sin adornos ni artificios, solo música pesada ejecutada con honestidad, emoción y una entrega total.

The Devil Wears Prada nos regaló un show que mezcló brutalidad y emoción, con un setlist cuidadosamente curado y, una respuesta del público chileno que reafirma su estatus como uno de los más apasionados del continente. Una noche que tanto la banda como sus seguidores difícilmente olvidarán.
Cuando sonó el último tema, no hubo sensación de vacío, sino de plenitud. Como si hubiéramos recibido justo lo que necesitábamos… Y al salir, con los oídos aún zumbando y la adrenalina corriendo, todos sabíamos lo mismo, porque fue un momento que quedará marcado en la historia personal de cada uno de los que estuvimos.
Setlist The Devil Wears Prada
Watchtower
Danger Wildman
Born to lose
Salt
Broken
Ritual
Reasons (Excision cover)
Noise
Reptar,King of the Ozone
Escape
For you
Dez moines
Chemical
Sacrifice





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