Fotografías: Miguel Fuentes
Desde muy temprano, las terrazas de Movistar Arena, tenían una gran cantidad de gente compartiendo brebajes animadamente, además de muchas personas alrededor del stand de la radio Futuro FM, transmitiendo en vivo este gran evento, que servía como previa a la importancia histórica de la cita.
Comenzó con una actuación nacional única e íntima que preparó al público para lo que sería una experiencia musical memorable. Jorge Campos, bajista y compositor chileno, teloneó a BEAT con su característico estilo fusionado de jazz, rock y música progresiva. Su actuación fue una excelente introducción al ambiente que se viviría posteriormente. Con un dominio absoluto del bajo eléctrico, Campos ofreció una presentación que destacó por su creatividad y virtuosismo, llevando al público por un viaje sonoro que fue tanto melódico como experimental. El uso de técnicas innovadoras y su capacidad para mezclar elementos de la música chilena con el jazz contemporáneo, resultaron en una propuesta fresca y energizante. Un gran momento que sentó las bases para el evento principal.

Con el recinto lleno, la espera terminó, y los acordes de BEAT, la superbanda compuesta por Adrian Belew, Tony Levin, Steve Vai y Danny Carey, comenzaron a inundar el recinto. Esta noche se celebraba no solo el legado de King Crimson, sino también la música que trascendió las fronteras del rock progresivo. Su show, que abordó los discos Discipline, Beat y Three of a Perfect Pair, fue una travesía de energía cruda, virtuosismo y compenetración entre los músicos.
Desde el inicio, el grupo dejó claro que este no sería un simple tributo. Temas como “Neurotica“, “Neal and Jack and Me” y “Heartbeat” desataron ovaciones inmediatas. Esta última, una de las piezas más emotivas de la era ochentera del Rey Carmesí, habla del estremecimiento del amor en su forma más visceral, el latido físico y emocional que une a dos personas. La interpretación fue delicada pero intensa, con Belew transmitiendo una ternura inusitada dentro del repertorio generalmente cerebral de la banda.

Cada uno de los músicos aportó su estilo único sin alterar la esencia intrínseca que caracterizaba a King Crimson. Belew, con su voz inconfundible y guitarra filosa. Levin, impecable y experimental como siempre, intercambiando entre bajo y Chapman Stick con naturalidad, Vai, tan virtuoso como expresivo, moviéndose con una gracia que rozaba la coreografía; y Carey, un titán tras la batería, capaz de manejar estructuras complejas con una fluidez sobrenatural.
El primer set culminó con una ejecución poderosa de “Larks’ Tongues in Aspic (Part III)“, una elección que reveló la intención de ir más allá del mero homenaje. El sonido era preciso, crudo y elegante, con una mezcla que permitió a cada instrumento brillar sin sobreponerse. En un recinto como el Movistar Arena, con acústica a menudo cuestionada, el resultado fue excepcional.

Sin embargo, el momento más mágico de la noche llegó con el inicio del segundo set. En un acto inesperado y profundamente emotivo, Danny Carey y Adrian Belew aparecieron al centro del escenario, ambos en percusiones, marcando el comienzo de “Waiting Man“. El ritmo hipnótico atrapó al público de inmediato. Luego, entre luces tenues y una atmósfera de reverencia, Tony Levin se unió en el centro con su bajo, golpeando las cuerdas con extensiones en los dedos, en un gesto que parecía sacado de una performance ritual. Finalmente, como si emergiera de las sombras, Steve Vai entró en escena con solemnidad, aportando líneas melódicas delicadas pero intensas. Fue un momento de comunión total entre músicos y audiencia, donde el virtuosismo se subordinó por completo a la emoción.

Durante el resto del show, Levin se lució constantemente. En temas como “Industry“, su manejo del Stick fue magistral. Esta pieza oscura, mecánica, casi distópica, evoca el lado alienante de la sociedad industrial, donde las máquinas reemplazan a la humanidad. Su interpretación acentuó ese carácter opresivo, con líneas graves que parecían surgidas de una fábrica en ruinas.

Steve Vai, por su parte, ofreció un espectáculo dentro del espectáculo. Más allá de su dominio absoluto del instrumento, su puesta en escena fue magnética, se desplazaba con movimientos sensuales, danzando entre riffs como si cada nota fuese parte de una coreografía invisible. Su carisma elevó momentos como “FramebyFrame“ e “Indiscipline“, donde su expresividad casi rozaba la performance, sin jamás sacrificar precisión ni potencia.

En “ElephantTalk“, uno de los momentos más celebrados por el público, la banda navegó con soltura por un funk progresivo cargado de sátira lingüística. La canción es una burla al lenguaje vacío, a las palabras que suenan mucho y dicen poco: “talk, talk, talk”, dice Belew, mientras las líneas del bajo y la guitarra se entrelazan en un juego mordaz y brillante. La sincronía entre Vai y Levin fue particularmente destacada aquí, sacando chispas de sus guitarras mientras sonreían con complicidad al público.

El bis coronó la noche con dos piezas monumentales: “Red“, ejecutada con una fuerza demoledora, y “Thela Hun Ginjeet“, donde la banda volvió a conectarse con la audiencia a nivel visceral. La energía acumulada a lo largo del concierto estalló en esos últimos minutos, dejando a todos con la certeza de haber presenciado algo único.

En tiempos donde la nostalgia suele ser moneda fácil, BEAT demostró que el respeto por el pasado puede ir de la mano con una reinvención vibrante. Más que un show de covers, lo de anoche fue una ceremonia musical dirigida por cuatro titanes, donde cada nota fue celebrada, cada silencio respetado y cada gesto sentido. Una experiencia que los asistentes, sin duda, guardarán por mucho tiempo como uno de los grandes hitos del rock progresivo en suelo chileno.

Setlist BEAT:
Primer set:
Neurotica
Neal and Jack and Me
Heartbeat
Sartori in Tangier
Model Man
Dig Me
Man With an Open Heart
Industry
Larks’ Tongues in Aspic (Part III)
Segundo set:
Waiting Man
The Sheltering Sky
Sleepless
Frame by Frame
Matte Kudasai
Elephant Talk
Three of a Perfect Pair
Indiscipline
Encore:
Red
Thela Hun Ginjeet





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